Lobel fue el primer autor que me enseñó que algo escrito para niñas y niños también me podía interesar a mí, a la adulta que soy. Más aun, me enseñó que lo que escribía destinado a público infantil me atañía. Recuerdo la primera vez que, en una biblioteca, ya con más de treinta años, me encontré con Sapo y Sepo. Al principio no paré de sonreír, en algún momento aguanté la risa (porque mi risa es muy escandalosa) y, de repente, me sorprendí emocionada. Tras la sencillez de sus ilustraciones y sus libros (que comparados con otros son tan discretos)…
Mar Amado21 de diciembre de 2010